martes, 11 de octubre de 2011

SOLIDARIDAD DE LAS SOCIEDADES CELTICAS

Las diversas zonas del mundo céltico estaban ligadas, se comunicaban y debían parecerse entre sí. Este es un hecho que da que pensar., envió embajadores a Roma. Por ejemplo, en los tiempos de las primeras campañas romanas en Asia Menor, que siguieron a la segunda guerra Púnica, la ciudad de Lampsaco, en el año 197-6. Desembarcaron en Marsella, que era aliada de los Romanos; esperaban sin duda recomendaciones e informaciones. El Senado de Marsella les dio, entre otras cosas, una carta pública de recomendación para los gálatas tolistoages, acantonados al oeste de los tectosages, en el valle de Sangaria y separados de Lampsaco por el reino de Pérgamo con el cual mantenían buenas relaciones.. Los massaliotas, en relación con los  galos de la Galia , hacían valer este hecho ante los tolistoages cuya amistad debían solicitar los de Lampsaco ya sea con intención de reclutar mercenarios como para evitar que los facilitaran a Antioco III. Estos hechos están relatados por una inscripción en honor de los embajadores. Muestran que los griegos de Marsella y de Lampsaco sabían encontrar entre los pueblos célticos de regiones muy distantes una solidaridad que los Romanos habían experimentado años antes cuando enviaron embajadores a solicitar la neutralidad de los volcos en el momento del paso de Aníbal.

Esta solidaridad de los pueblos célticos distantes se explicaba suficientemente  por el sentimiento de parentesco, de origen común, ejerciéndose en un mundo que no tenía una extensión ilimitada y cuyas partes se comunicaban. Sin embargo, los celtas poseían al menos una institución que podía asegurar su unión efectiva:  los druidas, clase de sacerdotes expresamente encargada de la conservación de las tradiciones. Los Druidas no eran una institución de los pequeños pueblos célticos, de las tribus, de las civitates; eran, dentro del mundo céltico, una institución en cierto modo internacional cuyas circunscripciones coincidían con los grandes agrupamientos  étnicos o territoriales que constituían Irlanda, la Britania y la Galia. César indicó que los druidas de la Galia estaban en relación con los de Britania, y la tradición irlandesa atestigua las relaciones de los druidas de Irlanda con los de Britania. Es seguro que el sacerdocio druídico, provisto de una doctrina jurídica, de una doctrina moral, de una doctrina de inmortalidad del alma y de una autoridad que todos reconocían, se extendía por  la mayor parte del mundo céltico; lo extraño sería que no hubiera sido asi.

En realidad, los lazos del pueblo céltico estuvieron asegurados por la difusión del druidismo: podemos estar seguros de que esos pueblos debieron a estos instructores profesionales ideas morales, concepciones sobre la vida futura, tradiciones mitológicas, prácticas rituales, soluciones jurídicas comunes… es decir, todo aquello forma la estructura y funcionamiento de la sociedad.

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